Chiba Sensei nació el 5 de febrero de 1940 en Tokyo, Japón y falleció el 5 de junio de 2015. Mostró un temprano interés en las artes marciales y comenzó un serio entrenamiento de Judo y Karate en su adolescencia. Sin embargo quedó insatisfecho con estos dos artes marciales y comenzó a buscar un sistema de lucha más completo.
“Pensé… un practicante de Budo debería ser capaz de responder bajo cualquier circunstancia, sea usando una espada contra una espada o lo que fuera”, dijo en 1995 en una entrevista a Aikido Journal.
Un encuentro en una librería cambió su vida “ Levanté un libro acerca de Aikido. Dentro de él había una pequeña foto de O’Sensei (fundador del Aikido)”, dijo Chiba Sensei. “Cuando lo ví, entendí inmediatamente que había encontrado a mi maestro. No sabía nada acerca de las técnicas del Aikido reales pero eso no parecía importante y pensé, exactamente: ‘aquí está!, este parece un hombre que entiende mis preocupaciones”
En 1958 Chiba Sensei fue a la sede de Aikido de Tokyo y molestó a los estudiantes de O’Sensei hasta que fue aceptado como discípulo interno, a los 18 años de edad. Durante los siguientes 7 años él practicó Aikido por horas durante el día y viajó con el fundador a través del Japón para mostrar y promover el arte.
En 1960, siendo cinturón negro 3er dan, Chiba Sensei fue enviado a la ciudad de Nagoya a establecer uno de los primeros Dojos bajo los auspicios de la central de Aikido de Tokio. En 1962 también comenzó a enseñar en el Hombu Dojo, y en tres años completó su entrenamiento y obtuvo la promoción a cinturón negro 5to. Dan.
En marzo de 1966 Chiba Sensei se convirtió en uno de los primeros maestros enviados fuera del Japón para difundir el incipiente arte de Aikido. Casado con su esposa Mitsuko unos meses antes de su partida, fue enviado solo a Inglaterra para establecer el arte en un período en el cual muchos británicos eran todavía activos hostiles a los japoneses. “No me gustaba la comida que servía la familia anfitriona – usualmente era carne y vegetales hervidos para hacer puré, excepto los viernes cuando ellos me daban pescado frito con sal y vinagre. No podía dejar de soñar en mi salsa de soja” escribió Chiba Sensei en un libro de memorias publicado en el diario Aikido Birankai.
El choque cultural y las complejidades políticas del mundo de las artes marciales británicas hicieron muy difíciles sus primeros años en el extranjero. Después de ese comienzo lleno de baches, estableció un exitoso Dojo en Londres y también viajó intensivamente para enseñar en Eurpoa, ayudando a promover el Aikido en Bélgica, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Holanda, Marruecos, España y Suiza. En 1970 fue promovido a 6to. Dan y obtuvo el título de Shihan (maestro instructor).
En 1975 Chiba Sensei volvió a Japán para servir como secretario del departamento internacional en el Aikikai Hombu Dojo y luego Secretario General de la Federación Internacional de Aikido (IAF), en cuya fundación participó.
En ese tiempo también comenzó a estudiar Iaido – el arte de desenvainar y cortar con la espada japonesa- con Takeshi Mitsuzuka, un discípulo del legendario espadachín Hakudo Nakayama. También intensificó sus estudios del Budismo Zen y Misogi-no-kokyu-ho, una práctica Shintoista de purificación a través de la respiración.
Intivado por la Federación de Aikido de los Estados Unidos, Chiba Sensei se mudó con su familia a San Diego en 1981 y estableció el San Diego Aikikai Dojo. Miles de practicantes de Aikido de todo el mundo fueron a estudiar con Chiba Sensei en California y tomaron parte en el entrenamiento y otros programas de preparación y capacitación para maestros e instructores. También Chiba Sensei fundó la organización Birankai Aikido, que cuenta con docenas de Dojos afiliados en los Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa.
Actuó como presidente del Comité de Enseñanza de Birankai Internacional, Director Técnico del Reino Unido Aikikai y Director Técnico del Instituto Tessokai Iaido
29 de febrero de 2016
Traducido por Rigoberto Vega
T.K Chiba: OK, estoy listo.
Esta cinta es para la posteridad. ¿Cuál es el mensaje más esencial, tal vez más importante, que usted tiene que decir, no sólo para sus antiguos alumnos y los alumnos actuales, sino también a los futuros estudiantes? ¿Cuál es la cosa más importante que le gustaría que cualquiera de nosotros les dijera acerca de su Aikido y sus enseñanzas?
T.K Chiba: Bueno, ya sabes que he estado pensando en ello durante bastante tiempo… Lo que significa entrar en la jubilación. Y lo estoy mordiendo, masticando y tratando de digerirlo. Pero yo no sé lo que significa ser… Todavía estoy perdido en esa noción de jubilado. Creo que, con el tiempo, se convertirá en un proceso natural… Así que no estoy preocupado por eso. Pero estoy un poco, un poco perdido.
Mi mensaje a los aikidokas futuros o actuales practicantes… Es que mantengan su Shoshin. Shoshin es mente de principiante. Shoshin es, si se me permite decirlo, la mente limpia. La mente libre de conceptos. Cada vez que se llega al tatami, no necesariamente en el tatami, digo en el tatami porque es en ahí donde nuestro entrenamiento se expresa. Por eso digo tatami. Usted debe aclarar su propia motivación, directo desde su interior. Aclarar, purificar. Sentarse allí y esperar la instrucción con la mente limpia. Eso tiene que hacerlo de forma continua a lo largo de su vida en el Aikido. Cualquiera sea el rango que pueda alcanzar, en realidad no hay diferencia. Siempre ir a lo profundo de su corazón y comprobar su Shoshin todo el tiempo. Esa es una palabra que me gusta: Shoshin.
Sensei, ¿podría hablar un poco acerca del proceso… Hemos hablado de ello antes, de los niveles de conciencia y estar presente, de modo que la gente pueda tener una idea sobre el camino de la mente de principiante. Como usted me ha dicho, para aclarar el trabajo de las bases. ¿Podría hablarnos un poco más sobre eso? Acerca de alcanzar Shoshin o recuperarlo.
T.K. Chiba: Bueno, todo tiene que ser orientado hacia arriba desde Shoshin y lo que sostiene, por debajo, es una base sólida de Shoshin. Es una especie de historia de amor. Comprometerse de esa manera con la disciplina a lo largo de su vida. Es de hecho una historia de amor. Se puede convertir en odio, ira, frustración. Igual que una relación con un ser humano. Igual que un hombre con una mujer. Pero hay ahí una fuerte noción de afecto. Eso es lo que quiero que ustedes tengan siempre presente.
Aikido es, en esencia, muy frágil. Puede ser olvidado, puede ser destruido, se puede diluir por la ignorancia y la autocomplacencia.
Tengo un mensaje, especialmente para los profesores. Nosotros los profesores tenemos que tomar precauciones, medidas, para preservar nuestro arte con mucho cuidado. Aikido es un arte, no tiene ningún medio para protegerse. Debe ser cuidado. Eso es lo que quiero decir con ser cariñoso. Eso es lo que quiero decir con relación amorosa. Para cuidar de este frágil arte, tan sensible, que requiere protección. Eso es lo que pienso.
Recuerdo que cuando habla de su historia de amor con el Aikido, usted habla de ella como de una princesa. Esa es una buena manera de decirlo. La historia de una princesa. Y eso es realmente algo que realmente ha impresionado… Especialmente a los profesores de más edad, que conocen bien esa historia. Como Mike Flynn. Él entendió cuando hablamos de eso. ¿Puede describir esa relación? ¿O es demasiado personal?
No. no… Eso llena mi corazón, es el centro de mis sentimientos respecto al Aikido. Eso es lo que me mantuvo como Aikidoka. Ya sabes, cuando yo era joven, dieciocho… Me enamoré de una princesa. Y así fue como empezó mi historia de amor. Ella estaba fuera de mi alcance. No tenía forma de llegar a ella, para expresarle mis sentimientos. O acercarme. O incluso para mantenerla. Tomarla… para hacerla mía, para mi satisfacción. No había forma. Ella estaba muy lejos, detrás de una suave seda. Ella era la princesa de mi vida. Así que decidí a ser… me propuse en mi interior… Bueno, ella era inalcanzable para mí. Pero mi amor era puro y para siempre. Así que decidí ser el capitán de su guardia real y protegerla. Eso es lo que he hecho los últimos 50 años. He estado viviendo mi propio romance y llevando a cabo mi misión de ser capitán de la guardia real de mi princesa.
Y, una vez, hace mucho tiempo realmente, mientras enseñaba en un campamento de verano en Gran Bretaña, después de la bebida, después del vino, le conté esta historia a mis estudiantes más antiguos y poco a poco la historia comenzó a esparcirse… Fue muy dinámico… Siendo el capitán de la Guardia Real… Tenía que ser muy obediente al guía y al sistema, a la estructura y así sucesivamente. Pero no lo era. Yo era un mal capitán… Me rebelé contra la autoridad muchas veces… Me fui y regresé. Pero ella nunca se alejó de mi corazón. Ella todavía está allí. Eso es todo. Eso es lo que significa, cuando digo que el Aikido no tiene sus propios medios para protegerse. Es frágil, noble. Sensible. Precioso. Debe ser protegido y yo soy el capitán de esta tropa.
Usted ha entrenado a muchos soldados. Muchos, un montón a través de todo el mundo.
Sí, lo sé. Y siento que el mayor privilegio de mi carrera profesional como Aikidoka, es haber conocido a tanta gente valiosa. Por supuesto, eso tiene algo que ver con el poder del Aikido. Entrené judo, hice Karate, practique kyudo. He entrenado Iaido y así, pero nunca he conocido a personas tan valiosas como las que he encontrado en la comunidad del Aikido. Y estoy muy orgulloso de eso. Y es ese valor en si, en realidad, gran parte de su protección. Ya sabes que mi intención siempre es cómo mantener ese valor, para proporcionarle una protección natural a este frágil, sensible y noble arte del aikido. Gracias.
En Agosto de 1998, Raymond Kwok participó de un seminario dictado por Chiba Kazuo shihan (8vo. dan Aikikai), en Mejannes, al sur de Francia. Kwok tuvo la posibilidad de hablar con el gran maestro sobre Aikido y otros temas complementarios.
Algunos extractos de la entrevista, que fue por primera vez en un número de la revista Kuala Lumpur YMCA Aikido Club, en 1999:
Raymond Kwok: Shihan, usted entró al Hombu dojo como uchi-deshi en febrero de 1958. ¿Qué influenció su decisión de practicar Aikido?
T. K. Chiba: Bueno, esa es una larga historia. Antes de empezar con el Aikido había practicado un poco de Judo y de Karate, pero las dos disciplinas me habían dejado insatisfecho, y por eso empecé a buscar algo más. Fue cuando tenía dieciocho años, antes de haber terminado la escuela secundaria. Un día, me cruce con un libro de Aikido en una tienda; ese fue el primer libro de Aikido publicado.
RK: ¿Era “Budo”?
TKC: No, era “Aikido”. En la primera página había una pequeña imagen de Osensei. Cuando vi esa imagen me di cuenta instantáneamente de que él seria mi maestro y que eso era lo que estaba buscando. No lo conocía todavía y tampoco tenía idea acerca de cómo era el Aikido. Nunca había visto a Osensei antes. Nunca había escuchado sobre la disciplina. De esa manera me decidí a ir a verlo. En realidad, no me interesaba demasiado cómo era el Aikido; fui capturado por la imagen de Osensei, y eso fue todo.
RK: Entonces, sensei, cuando llegó a Hombu Dojo, ¿quiénes eran sus compañeros?
TKC: Primero, Tamura sensei y Yamada sensei; luego, Kanai sensei, Sugano sensei y Kurita sensei, de Nuevo México. Más tarde, Saotome sensei y Tohei Akira sensei. Creo que esos fueron todos.
RK: Sensei, ¿cómo era la vida de un uchi-deshi por aquellos días?
TKC: Consistía nada más que en practicar, desde la mañana hasta la noche, sólo eso.
RK: ¿Tres, cuatro horas? ¿Cinco, seis horas?
TKC: Más que eso… Practicábamos todo el día, cinco veces a la semana, y en nuestro tiempo libre nos encargábamos de las clases privadas.
RK: Usted, sensei, era muy joven en ese momento, aunque debió resultar verdaderamente cansador aquel ritmo, ¿no es así?
TKC: Era muy agotador, sí; me dejaba exhausto. Japón se estaba recuperando de la guerra, la economía caminaba lentamente y la gente vivía tiempos difíciles. Por eso mismo, teníamos comida simple, arroz y sopa.
RK: De modo que fue el espíritu o “Kokoro” lo que los mantuvo en el camino, ¿verdad?
TKC: Sí, algo así. Yo no tenía gran interés en convertirme en maestro. Creo que a la mayoría le sucedía lo mismo. Todos amaban el arte y la práctica. Nadie pensaba en transformarse en profesor.
RK: Leí, hace no mucho tiempo en “Aiki Journal”, una entrevista a Sugano sensei en la que él comenta que la vida de uchi-deshi de hoy es mucho más sencilla que la de aquella época. Él decía: “en aquella época tenías que hacer todas las clases; ahora los uchi-deshi dicen “esta clase no la hago” o “estoy muy cansado” o “no tengo ganas de hacer esta clase.” ¿Qué opina de esto, sensei?
TKC: Honestamente, no sé cómo es la vida de los uchi-deshi en la actualidad, así que no puedo comparar, pero además de nuestro propio entrenamiento (entrenamiento físico) teníamos que encargarnos de la administración del dojo, de la oficina, de las necesidades del maestro (ayudando o cuidando personalmente a Osensei), de hacer las compras, de lavar la ropa, de todo. Todas las tareas domésticas estaban en manos de los uchi-deshi. No es justo comparar la vida de los alumnos de ahora con la nuestra; la situación es totalmente distinta. En aquella época, los uchi-deshi vivían con el maestro; ahora, por el contrario, viven separados de él. Por eso creo que llamarlos “uchi-deshi”, hoy en día, no es del todo correcto. “Uchi-deshi” significa “estudiante que vive en la casa”, o más bien, “que vive adentro”.
RK: Cuando usted estuvo en Hombu dojo, además de Osensei, ¿quiénes eran los restantes maestros que daban clases?
TKC: Nuestro maestro inmediato era Ueshiba Kisshomaru Doshu; luego, Koichi Tohei sensei (Jefe de instructores) y varios sensei más, como Tada sensei, Arikawa sensei y otros mayores graduados.
RK: ¿Y Osawa (padre) sensei?
TKC: Sí, él también estaba.
RK: Usted es conocido por el poder de su técnica. ¿Esto es debido a alguna influencia en particular?
TKC: ¿Te refieres a mí (risas)? No, no se debe a ninguna en particular, pues fui influenciado por todos esos maestros que mencione anteriormente.
RK: Sensei, sus enseñanzas involucran mucho uso de Jo y Ken, especialmente entre sus alumnos más graduados.
TKC: Sí, así es.
RK: Creo que ahora, en Hombu dojo, no se practica mucho con armas. ¿Quién lo influenció en el método de enseñar Jo y Ken?
TKC: Bueno, en primer lugar, Osensei. Él usaba el Jo y el Ken, especialmente, cuando uno lo acompañaba de viaje. Un uchi-deshi lo acompañaba a todos lados. Y yo era uno de esos alumnos; también Tamura sensei lo hizo. Había que estudiar Jo y Ken porque tenías que tomar ukemi con armas. No se presentaba otra opción. Saito sensei también lo hacía; él vivió con el maestro muchos años en Iwama.
RK: Entendí, a partir del relato de algunas personas, que Osensei nunca enseñó un método sistemático de armas. ¿Fue muy difícil para usted incorporar sus enseñanzas?
TKC: Sí, fue muy difícil.
RK: ¿Sus métodos de enseñanza fueron influenciados por el estilo Iwama?
TKC: No realmente. Mi experiencia personal está basada en lo que aprendí con Osensei. Creo que lo que proponía el Fundador en ese entonces es muy diferente al método de Saito sensei. Osensei no era muy joven cuando yo me convertí en su discípulo. Ya tenía 70 años, y su estado era diferente al que había conocido de él Saito sensei durante su propia formación. Por supuesto, yo practiqué constantemente mis armas, así que mi idea y mi experiencia maduraron.
RK: Sensei, se considera que usted fue el primero que empezó con el sistema de “Fukushidoin”. ¿Puede comentarnos algo acerca de esto?
TKC: Bueno, el sistema está básicamente fundamentado en la regulación internacional propia de Hombu dojo. Hay dos categorías de instructores, y los Shidoin pueden tomar exámenes hasta 1er. kyu, dejando a los shihan el trabajo de evaluar a los cinturones negros.
RK: Tengo entendido que, en la época sobre la que estamos hablando, Osensei explicaba durante las clases cosas que resultaban muy difíciles de entender. ¿Le sucedió esto durante su entrenamiento como uchi-deshi?
TKC: Sí, me tocó vivir eso.
RK: ¿Recuerda alguna anécdota con Osensei que quiera contarnos?
TKC: Para empezar, recuerdo lo bello que era Osensei, todo su cuerpo, su postura, la manera en que caminaba, la manera en que miraba, todo en perfecto balance. En una ocasión fui con él de viaje. Teníamos que tomar un taxi para ir a la estación de tren y yo debía comprar los boletos, pero él no esperaba. Así como llegamos, salió del taxi y entró a la estación, sin tener pasaje; la forma en la que caminaba era tan hermosa… Para él no representaba un problema entrar a la estación sin boleto: nadie le iba a decir nada. Cuando por fin los conseguí, lo que tomaba algo de tiempo, tuve que llevar mi bolso, el de él, las armas, todo. De alguna manera logré ayudarlo para que bajara la escalera del tren. Tenías que poner tu hombro derecho para que pudiera apoyarse y bajar suavemente. Nunca esperaba. Cuando viajaba, siempre nos quedábamos en habitaciones conjuntas. Él dormía en la habitación principal y yo en el cuarto contiguo. Sólo había una puerta corrediza entre nosotros. Osensei ya estaba mayor como para levantarse e ir solo al baño. Solía meterse en tu habitación y, si estabas dormido, sabías que era el fin, porque en un sentido marcial ya estarías muerto; él podría haberte matado, así que tenías que estar despierto a toda hora.
RK: ¿Todo el tiempo?
TKC: Sí, sin dormir, por 3 años. Porque cuando se despertaba tenías que abrirle la puerta corrediza, llevarlo al baño, ayudarlo, lavarle las manos y dejarlo en la cama. Luego volvías a dormir, para despertarte al otro día a entrenar, viajar en tren, y así por dos semanas consecutivas. Quedabas exhausto.
RK: ¿Qué pasaba si él se despertaba y quien estaba a cargo no se daba cuenta?
TKC: Nunca lo aceptaba. Lo sabíamos. Somos estudiantes de un arte marcial, no podemos permitirnos dormir cuando alguien entra en nuestro cuarto.
RK: ¿Entonces, sensei, tenía que estar todo el tiempo en zanshin?
TKC: Sí, él nunca bromeaba. No hay comunicación oral entre alumno y maestro en el sistema japonés. Yo no le hablaba, y él tampoco me dirigía la palabra. El viaje más largo duraba de dos a cinco semanas, sin hablar. Dos semanas en completo silencio, excepto por “quiero té”. Aquella era una relación maestro-alumno muy estricta; por entonces, Japón era así. Hasta solíamos decir “no pises su sombra” o “no duermas con tu pie apuntando a tu maestro”; todo era así de estricto.
RK: Sensei, esta pregunta quizás sea un poco personal, pero me gustaría conocer su opinión al respecto. Escuché muchos comentarios sobre cómo el poder de su técnica, en el pasado, provocó que algunos estudiantes terminaran lastimados. Al parecer, la gente le tenía miedo. ¿Qué le parece esto?
TKC: No lo sé. Pongámoslo de esta manera: cuando yo era alumno de Hombu dojo no había tanta gente; en las clases más grandes había veinte personas. La mayoría de los practicantes de esa época, además, eran individuos muy bien entrenados. Hasta había artistas marciales establecidos que acudían, por la fama que tenía Osensei, para aprender Aikido bajo su tutela. Eran realmente guerreros apasionados, en busca de su propio camino. A menudo practicábamos cómo lastimar a otros y no nos importaba eso.
Osensei se enojaba mucho si algún shihan, en una demostración, hacía grandes movimientos redondeados; no aceptaba ese tipo de movimientos. Era muy difícil hacer una demostración si Osensei estaba presente. Por eso mismo, tratábamos de llevarlo a un cuarto separado y darle dulces. Le encantaban los dulces, los dulces tradicionales japoneses y las chicas jóvenes. Dos o tres muchachas bien arregladas hacían que se olvidara de la demostración. De aquella manera no nos detenía en medio de la muestra; eso era muy embarazoso.
RK: Escuché que en los últimos años de Osensei, cuando uno era proyectado no se sentía nada, como si no hubiera esfuerzo de su parte.
TKC: Si, así era. Cuando uno alcanza la perfección, es así. No mucha gente puede hacerlo. Yo tomé ukemi con él durante muchos años, pero nunca sentí verdadero dolor.
RK: ¿Nunca?
TKC: No, en ninguna técnica. Ya fuese nikkyo, shiho nage o kotegaeshi. Nada de dolor.
RK: ¿Él era especial?
TKC: Así es, era especial.
RK: Quiero hacerle una última pregunta, sensei. ¿Cuál es el secreto de su poder?
TKC: La pasión por el arte (risas). Pasé muchas noches desvelado pensando en una técnica. He llegado a levantarme de la cama, despertar a mi mujer y pedirle que me haga de uke.
¹ 5to. dan, Instructor a cargo del Kuala Lumpur YMCA Aikido Club, uno de los dojos más antiguos de Malasia.